
Y, a pesar de todo, esa no era la vida que soñaba de pequeño.
Él quería inventar. Crear historias nuevas. Luchar con un monstruo diferente cada día; recorrer países imaginarios, surcar mares jamás nombrados, y pelear con fiereza por doncellas de mil rostros y mil voces candorosas. Quería construir un puente entre la realidad y la ficción. Ayudar a sus vecinos a olvidar, por un rato, la dureza del día a día.
Pero el escándalo arruina a cualquiera. Y ser el amante de la reina es un escándalo lo suficientemente grande como para hundir al Juglar del Rey.
Isaac nunca consiguió probar su inocencia. La Reina no quiso saber nada del asunto, ocupada como estaba en sus asuntos y sus quehaceres. El Rey le juró la muerte si pisaba de nuevo una sola baldosa de su castillo. Y el poeta volvió a su buhardilla, a sus velas de sebo y a sus pergaminos emborronados con rimas demasiado oídas.
Pero el escándalo arruina a cualquiera. Y ser el amante de la reina es un escándalo lo suficientemente grande como para hundir al Juglar del Rey.
Isaac nunca consiguió probar su inocencia. La Reina no quiso saber nada del asunto, ocupada como estaba en sus asuntos y sus quehaceres. El Rey le juró la muerte si pisaba de nuevo una sola baldosa de su castillo. Y el poeta volvió a su buhardilla, a sus velas de sebo y a sus pergaminos emborronados con rimas demasiado oídas.
"¿Y si... el escándalo pudiera revertirse?"

